✨ El mundo detrás del trabajo

La pintura, para mí, nunca ha sido meramente una búsqueda estética. Ha sido un camino de atención, coraje y transformación interior.

Desde temprana edad, fui guiada por un intenso sentido de curiosidad, un deseo de observar, comprender y dar sentido a las capas invisibles que dan forma a la experiencia humana. A los quince años, ganar el tercer lugar en un concurso nacional de pintura en Costa Rica marcó un punto de inflexión en mi vida y despertó la certeza de que el arte se convertiría en parte de mi camino.

A lo largo de los años, ese camino se fue desarrollando de maneras inesperadas. Junto con la maternidad y una larga carrera como educadora de arte, acompañé a muchos jóvenes artistas en el desarrollo de su propio lenguaje visual y confianza creativa. Sin embargo, la pintura misma seguía llamándome hacia adentro, pidiendo no solo maestría técnica, sino también presencia, disciplina, resiliencia y el coraje para ir más allá del miedo.

Hoy, mi trabajo se mueve fluidamente entre la abstracción y la figuración, desarrollando un lenguaje visual simbólico habitado por animales, atmósferas luminosas, fragmentos de memoria y formas intuitivas. Influenciada por el impresionismo y guiada por un proceso profundamente introspectivo, mis pinturas exploran la relación entre el mundo interior y el mundo natural.

Veo la pintura como un espejo, un espacio donde el inconsciente se revela a través del gesto, el símbolo, la textura y el color. Las criaturas que habitan mi obra —felinos, aves, seres del bosque— no surgen como narrativas fijas, sino como reflejos del instinto, la libertad, la vulnerabilidad, la sombra, la transformación y la memoria emocional.

Arraigada en los paisajes de Costa Rica y moldeada por experiencias en diferentes culturas, mi práctica artística continúa evolucionando como una disciplina contemplativa y una forma de escuchar más profundamente a la vida misma.